Mostrando entradas con la etiqueta Alardes de armas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Alardes de armas. Mostrar todas las entradas

ALARDES

HISTORIA DE LOS ALARDES DE ARMAS EN EL VALLE DE RONCAL




El alarde de armas, o “Lista de armas” consistía en una exhibición de armas, y revisión de las mismas, que se hacía en algunos pueblos del valle delante del alcalde o de otra autoridad superior. Aparecen documentados en las siete villas del valle.
         Los fueros roncaleses contemplaban la exención del servicio militar fuera de las fronteras del Valle para los habitantes de éste; sin embargo, este privilegio se vio alterado en 1773 tras la aplicación de la Real Cédula de Carlos III por la que este monarca establecía en Navarra la obligación de realizar el sorteo militar y el reclutamiento. Las reiteradas protestas de la Diputación contra este contrafuero no lograron echar atrás su aplicación. El Valle de Roncal, por el contrario, no aceptó la Real Cédula, advirtiendo al Real Consejo que ésta no sería aplicada en dicho Valle por atentar al conjunto de los privilegios que las siete villas poseían. La tenacidad y firmeza de las autoridades roncalesas forzaron la revocación del acuerdo.
         En contraprestación a la cesión de Carlos III el Valle de Roncal se comprometió a sostener su propio ejército, en el que estaban incluidos todos los roncaleses con capacidad de lucha, con el fin de proteger las fronteras (como acción de defensa de la monarquía). La autoridad máxima de este ejército era el alcalde  de Roncal (alcalde mayor), que durante la época de conflicto ostentaba el cargo de capitán a guerra. La organización y mantenimiento de este ejército –caso único en España- implicaba el hecho de que cada roncalés útil para la lucha debía de tener y cuidar sus propias armas, preocupándose de tenerlas siempre a punto para ser utilizadas si la situación lo requería; para garantizar que así fuese una o dos  veces al año se organizaba un alarde de armas, en el que cada vecino estaba obligado a acudir con su arma demostrando ante la autoridad que el fusil se encontraba limpio y en perfecto estado, es decir: emforma. En estas revisiones también se desfilaba, haciendo alarde del armamento y haciendo unos disparos, controlados, al aire.
         Durante la Guerra de Sucesión (1701-1714), concretamente en el año 1706, el Valle de Roncal contaba entonces con 887 hombres capacitados y listos para combatir con sus propias armas y municiones. Era este el número de varones con edades comprendidas entre los 18 y los 60 años.
         En el año 1825, tras la promulgación en 1824 del Reglamento de Policía, fue la propia Diputación del Reino quien tuvo que mediar entre el Valle de Roncal y el Virrey notificando a este último la necesidad de respetar el privilegio que el Valle de Roncal tenía para estar armado.

         Burgui.- Al menos en esta localidad roncalesa los alardes eran conocidos también con el nombre de reseñas. Se sabe que cuatro días antes de la fecha anunciada para el alarde los vecinos de la villa aptos para las armas, es decir, los varones con edades comprendidas entre los 20 y los 60 años, salían a las Eras del pueblo para ensayar el desfile y adiestrarse en el uso de las armas. Según recoge Félix Sanz Zabalza en su obra “Burgui, un pueblo con historia” (2001), “el Regimiento nombraba sus cabos; a los arcabuceros se les entregaba una libra de pólvora, una docena de pelotas y cuerda suficiente. Otros salían como ballesteros y lanceros, otros con espadas y dagas”.
         Generalmente se celebraban dos alardes anuales cuya fecha estaba regulada por las ordenanzas municipales: “Al otro día de San Pedro se haga una reseña y alarde de armas en memoria de los tiempos pasados quando los infelices Moros ocupaban la mayor parte de este Reino”. La otra jornada elegida era el 21 de agosto, festividad de San Mateo.
         Entre los alardes de esta localidad queda constancia documental, entre otros, del celebrado en 1860, celebrado el segundo día de las fiestas, pues entre las cuentas de ese año queda reflejado un gasto de 450 reales de pólvora para la villa. Así mismo, en el Archivo General de Navarra encontramos un documento del año 1796 que recoge un pleito sobre el aumento de la cantidad asignada para la celebración anual en Burgui de la función del alarde de armas.

         Garde.- En principio estaba establecido a través de las ordenanzas que las listas y alardes se hiciesen los días que el alcalde dispusiese y previamente anunciase a través del nuncio, o pregonero. Era tradicional en Garde que el alarde se celebrase el día de Santa Ana.
         A esta cita estaban obligados a acudir todos los vecinos y moradores que tuviesen de catorce años en adelante, “menos que no tengan reserva o legítima excusa”, para mostrar a la autoridad que tenían sus armas limpias y en buen estado. En el caso de que el arma no estuviese en condiciones su propietario podía ser multado “en lo que quisiere y pareciere al alcalde”.

         Isaba.- En Isaba, una ceremonia similar a la de Roncal, se realizaba cada 25 de Julio –festividad de Santiago-, y cada 16 de Septiembre –festividad de San Ciprián, patrono de la villa- en la plaza del pueblo, delante del edificio consistorial. La convocatoria se hacía oficialmente mediante la lectura pública de un bando, labor esta que era desempeñada por el nuncio. Existe hoy constancia documental de varias de estas ceremonias celebradas en los siglos XVII y XVIII. Aunque lo más habitual era que durante el año se celebrasen estas dos listas de armas en las fechas indicadas, existen algunas excepciones tanto en el cambio de fecha como en el número de veces que se hacía al año; baste señalar, como caso excepcional, que en 1719 se llegaron a celebrar seis listas o alardes. En los orígenes de esta ceremonia izabar tuvo mucho que ver la Cofradía de Santiago, una entidad religioso-militar creada para salvaguardar las fronteras de la invasión de tropas advenedizas.
         En los alardes de armas tenían obligación de asistir todos los hombres del pueblo cuya edad estuviese comprendida entre los 18 y los 60 años; su inasistencia era sancionada por la autoridad con una multa, importe éste que se dedicaba a munición. Así pués, en caso de guerra o arrebato todos los hombres incluidos en esa franja de edad estaban obligados a acudir a defender la causa con sus armas so pena de la vida.
         Las circunstancias especiales de 1719, año en el que se celebraron cuatro alardes fuera de la época estival, permitieron ver, por vez primera, a las mujeres izabarras representar a sus maridos, hijos, e incluso yernos, en esta ceremonia.
         En el acta que se levantaba después de cada ceremonia se incluia un listado completo de los vecinos que se habían presentado con sus armas, indicando nombre y apellido y la observación de si a su armamento le faltaba algo; en el caso de que estuviese todo correcto tras el nombre del vecino izabar se colocaba la expresión cabal o en forma; los nombres de estos vecinos, a su vez, figuraban en la sección a la que pertenecía cada uno en función del tipo de arma, es decir: alcabuzeros, mosquetes, picas, chuzos...
         La primera muestra o alarde de armas que aparece documentado en el archivo municipal de esta villa corresponde al celebrado el 3 de abril de 1689. En este archivo se conservan un total de 118 actas de esta ceremonia. En el Fondo Documental “Erronkari” se conservan las fotocopias de todas estas actas, individualizadas y ordenadas cronológicamente.
         Curiosamente, en el pleno que celebró el Ayuntamiento de Isaba el 7 de junio de 1609, se aludía a la ordenanza que establecía que la villa y el valle tenían que tener la munición necesaria de pólvora, cuerda y plomo. Precisamente lo que se trataba en este pleno era que la villa está algo escasa, por lo que se estableció la orden de adquirir material en Pamplona, concretamente una quinta y media de polbora, quinta y media de cuerdas y una quinta de plomo.
         En 1650 el Gobernador don Dionisio de Aybar envió una orden al concejo de Isaba para que la polbora y munición de su magestad se quite del puesto donde esta a donde no este con los riesgos de este.

         Roncal.- En el caso de la villa de Roncal esta ceremonia se celebraba cada 15 de agosto en la explanada existente delante de la ermita de la Virgen del Castillo. Anteriormente, y durante siglos, se celebró el 24 de junio, festividad de San Juan. Hasta allí acudían ese día las autoridades de la villa acompañadas de todo el vecindario. Tras la ceremonia religiosa el alcalde pasaba revista a cada una de las armas, y seguidamente se procedía al alarde del que la imagen mariana era testigo directo. Para ello, mientras el abanderado hacía ondear en sitio bien alto y visible la enseña del Valle mirando hacia éste, los “escopeteros”, guardianes de la Virgen, realizaban varios disparos, o salvas, como signo de soberanía. En los últimos años que se hizo el alarde se tiene conocimiento de que se trasladó su fecha a la de la fiesta de la Virgen del Castillo, es decir a la octava de la Asunción.

         Urzainqui.- En la villa de Urzainqui se conservó una tradición similar, derivada posiblemente del antiguo alarde, que tenía lugar el día del Corpus Christi. Este día era el Santísimo quien en la explanada que hay delante de la iglesia recibía los honores del abanderado, disparando simultáneamente los “escopeteros” las salvas correspondientes.

DÍA DE LA INDUMENTARIA RONCALESA

INTRODUCIÓN



La idea llevaba ya demasiado tiempo rondando. El aprendizaje y recuperación del baile del ttun ttun había acarreado la elaboración en poco tiempo de muchos trajes roncaleses; y todo ello había quedado enmarcado dentro de una dinámica de recuperación de la historia y del patrimonio roncalés. De hecho, en los últimos años no han faltado ocasiones para bailar el ttun ttun y para exhibir los trajes. En el caso concreto de Isaba, que es donde se afianzó con fuerza la recuperación de las danzas, habría que añadir esa costumbre de asistir a la iglesia el día de Santiago (25 de julio) y el día de San Ciprián (16 de septiembre) ataviados con la indumentaria tradicional.

Es así como en el año 2010 la asociación Kurruskla, en Isaba, decide dar el paso de organizar una jornada dedicada a la indumentaria roncalesa. Se entiende que esa es una parcela de nuestro patrimonio muy importante, a cuidar. Existía ya en el valle una jornada anual dedicada al uskara, otra dedicada a la almadía, otra dedicada a las alpargateras, y otra dedicada al queso. Se aprobaba así una asignatura que se nos quedaba pendiente.

La primera edición, el 31 de julio de 2010, se improvisó con relativamente poco tiempo, pero a pesar de ello con mucho mimo, cuidando los detalles, y con una implicación popular muy importante. Se desbordaron las previsiones en lo que a participación, asistencia, climatología, y ecos informativos. Lo que había nacido como una prueba "a ver que tal", automáticamente invitaba a un compromiso anual de celebración.

La celebración en Isaba del Día de la Indumentaria Roncalesa ha supuesto un importante impulso a la puesta en valor de la indumentaria tradicional del Roncal. Ha servido también para recuperar todas las variantes que se conocen de estos trajes; y cuando decimos "recuperar" hablamos también de exhibir y explicar. Y ha servido para cohesionar a todo un pueblo en torno a esta parcela de su patrimonio, con una implicación popular que para sí quisieran muchas localidades.


Jornada temática

Cada una de las ediciones del Día de la Indumentaria Roncalesa tiene en común el acto público de presentación de todos y cada uno de los trajes que se tiene conocimiento que han llegado a existir en el Valle del Roncal.

Al margen de este acto, esta fiesta está diseñada para incidir cada año en una parcela de nuestra historia o de nuestra cultura. De tal manera que, de la mano de la indumentaria, mostramos otros aspectos de nuestro pasado. En consecuencia, cada Día de la Indumentaria Roncalesa, busca ser una jornada temática. Y el resultado hasta ahora ha sido el siguiente:

Alarde de Armas
Año 2010: La villa de Isaba pudo revivir el 31 de julio cómo era antaño la llegada de las alpargateras: su llegada por el camino de Belagua, el paso por la Aduana para que los guardias supervisasen las mercancías que traían, el recibimiento de los familiares y vecinos, etc.
Igualmente, en la Plaza de la Villa (oficialmente Plaza de la Constitución, y antiguamente Plaza de las Armas del Valle de Roncal) se reprodujo ese día un alarde de armas, réplica exacta de los que durante siglos se celebraron en Isaba y en el valle. Se empleó para ello el mismo formulario que se utilizaba en el siglo XVII.

Misa de Velación
Año 2011: Se celebró en Isaba la  denominada "boda del siglo", pero... del siglo XIX. El 30 de julio la iglesia de San Cipriano acogió la recreación de la celebración de una boda tal y como se celebraban en esta villa a finales del siglo XIX. Detrás de este acto hubo todo un trabajo de investigación que permitió recomponer con la máxima fidelidad una ceremonia de hace algo más de cien años (acto de compromiso y misa de velación), así como todos los actos que la rodeaban antes y después; se utilizó para ello, como base, el testimonio de un viajero vallisoletano que en 1898 publicó su diario de viaje por el Pirineo, con la descripción de una boda que pudo ver en la iglesia de Isaba. La ceremonia religiosa se celebró en latín, uskara roncalés, vascuence altonavarro, y español; utilizándose como escenarios el exterior del templo para el acto de compromiso, y el interior de la iglesia para la Misa de velación. Todo un éxito de participación.

.

ALARDE DE ARMAS (DETALLES Y ALOCUCIÓN)


Personajes:

Capitán a guerra: Ángel Luis De Miguel Barace (actual alcalde de Isaba)
Secretario: Kepa Vales
Sargento: Florencio Anaut
Alférez abanderado: Francisco Javier Egozcue
Soldados: Fidel Alcat, Juan Carlos Alcat, Oscar Alcat, Francisco De Miguel, José Andrés Tapia, Alejandro Sabuqui.
Baile de la bandera: Julio Beretens


Material necesario:

-          Mesa antigua
-          Silla antigua
-          Libro de anotaciones encuadernado con piel de vacuno
-          Pluma y tintero
-          Bandera de Isaba
-          Escopetas
-          Saquetes
-          Cartuchos de fogueo
-          Campanilla


Indumentaria:

Capitán a guerra: Traje normal de roncalés, y sobre él capa y valona. Vara de mando.
Secretario: Traje normal de roncalés, pero sin chaqueta.
Sargento: Traje normal de roncalés.
Alférez abanderado: Traje normal de roncalés.
Soldados: Traje normal de roncalés.


Ambientación:

La escena se desarrolla en la Plaza de la Villa. Junto a la salida hacia la iglesia irá colocada la mesa y la silla; en ella se sentará el secretario. Sobre la mesa irá el libro antiguo, una campanilla, un crucifijo de mesa, y una pluma (podría ser perfectamente una pluma de buitre o de milano) con su tintero.

Detrás del secretario, flanqueándolo, se pondrán, de pie, quienes hagan de alcalde (o capitán a guerra) y de sargento. A un lado, guardando una pequeña distancia, se colocará el alférez portando la bandera de la villa de Isaba. Delante de las arcadas de la Casa de la Villa se colocan varias parejas de roncaleses.

 

Presentación en euskera

Amaia Baglieto

A continuación vamos a poder ver cómo se hacía un alarde de armas; es esta una costumbre que se mantuvo en este valle hasta la segunda mitad del siglo XIX.

Nos recuerda que el valle de Roncal tenía su propio ejército. Nuestra situación fronteriza así lo aconsejaba. Los hombres mayores de 16 años estaban obligados a tener sus armas, sus municiones y su ración de pólvora, siempre en buen estado, para poder ser usada en cualquier momento. Una o dos veces al año se les convocaba para revisar todo este material.


Presentación en castellano

Fernando Hualde

(Breve presentación, en los mismos términos que Amaia)


Escenografía:

Una vez hecha desde la megafonía la presentación del alarde de armas se espera a que haya el silencio suficiente como para que se oiga la campanilla. Todos están ya en sus sitios.
Comienza el acto con el toque de la campanilla por parte del secretario. Seguidamente lee él el siguiente texto

        Reunidos en esta villa de Isaba, y en su plaza concejil..., la campana tañida, la candela encendida, en la fecha de treinta y uno de julio del año 2010, festividad del soldado de Cristo, Iñigo de Loyola; y reunidos de la misma forma que durante siglos lo hicieron nuestros antepasados, que lo hacían dos veces al año, en las festividades de Santiago el Mayor y de nuestro patrón San Cipriano... queremos rememorar aquellos tiempos en los que nuestros vecinos, anteponiendo los intereses generales a los personales, acudían prestos con sus armas, sus municiones y su ración de pólvora... para socorrer a la villa y al Reino ante cualquier riesgo de agresión o invasión que pudiese mermar nuestras libertades y nuestros derechos.
        No nos acecha hoy la turba morisca, ni tampoco nos invade el francés incendiario, ni nos reclaman los Albret para defender la independencia de Navarra; pero hay otros enemigos que nos acechan. Nuestros pueblos tienden a quedarse vacíos; nuestra identidad y nuestra memoria se diluyen y se deforman; nuestra vieja lengua llega a necesitar que alguien nos recuerde que fue nuestra; y en el traje, en la bandera, y en el escudo, todavía hay quien no ve otra cosa que folklore.
Y de la misma forma que nuestros antepasados, durante generaciones y durante siglos, hicieron en esta misma plaza de la villa hasta bien entrado el siglo XIX; y vinieron haciéndolo desde tiempo inmemorial; hemos hecho acudir prestos a cuantos vecinos, varones, mayores de dieciséis años, estén capacitados a empuñar las armas para combatir, hoy con más motivo que nunca, en defensa solícita y urgente de esta tierra, invadida y violentada en este momento por la indiferencia identitaria.
        Recuerdo a todos los presentes que, por nuestra condición de valle fronterizo, hemos tenido siempre facultad y obligación de organizarnos militarmente para acudir en la defensa del valle, y del reino, siempre que fuere necesario; de allí nace nuestra obligación de estar militarmente preparados, y siempre con el material dispuesto para cuando su concurso fuera requerido. Y hoy es momento de ello.
        Así pues, convocados los varones de esta villa; obligados de acudir con su arma reglamentaria, su munición y su ración de pólvora para que sea revisada por la autoridad… yo, Kepa Vales, secretario infrascrito de este valle, en presencia de don Ángel Luis De Miguel, capitán a guerra, y de don Florencio Anaut, sargento, doy comienzo a esta lista de armas, llamando uno a uno a los varones presentes.

Seguidamente se va dando lectura a los nombres de los soldados presentes, citando nombre y dos apellidos. Estos estarán colocados junto a la malla metálica próxima a casa Francho, y con las escopetas descargadas (el cartucho de fogueo en el bolsillo).
En el momento en el que se dé lectura a un nombre, el interesado avanzará hasta la mesa por el lado izquierdo, portando su escopeta colgada del hombro, y con dos saquetes colgando de su cintura. Una vez colocado delante depositará el arma sobre la mesa, que será analizada por el capitán a guerra (sin entretenerse mucho); lo mismo sucederá con los dos saquetes (supuestamente uno con munición y otro con pólvora). Para dar el visto bueno proclamará en voz alta la expresión ¡en forma!, expresión esta que supuestamente el secretario anotará junto al nombre del soldado revisado.

Y así, uno a uno, irán pasando todos por la mesa, y conforme reciban el visto bueno se situarán junto a las arcadas del Ayuntamiento (allí es el momento de sacar el cartucho en el bolsillo y cargar la escopeta).
Al acabar la revisión el secretario proclamará:


         Revisadas las armas, comprobado el estado de las polvoreras, y asegurados que la munición está en buen estado..., proclamamos con el disparo de unas salvas nuestra actitud de plena disposición a defender la integridad del valle y la independencia del reino. Proclamamos con ellas nuestra identidad roncalesa de hombres y mujeres libres, nunca sujetos a señorío, fieles a nuestras ordenanzas, e hidalgos por derecho propio.
        ¡Procédase!.


Seguidamente el capitán a guerra, haciendo uso del uskara roncalés, grita:


            ¡Izabarrak!, ¡armas al hombro!...., ¡¡¡fuego!!!



Colocados en fila, o en doble fila, de espaldas a la Casa de la Villa, los soldados disparan hacia el cielo, con la escopeta inclinada (apuntando por encima del tejado de la casa de enfrente). Seguidamente se repetirá esa misma acción, haciéndose un total de dos salvas (esto solo en el caso de que haya cartuchos suficientes).
Una vez que han sonado los disparos, y los aplausos, el secretario finalizará el acto diciendo:


        Proclamada nuestra identidad en este día 31 de julio de 2010, enterrados nuestros miedos, listos nuestros hombres para alzar las armas frente al invasor, bravas siempre nuestras mujeres en todas las tareas..., alzamos hoy la bandera, como alzaremos de nuevo nuestra memoria y nuestra historia, para que ondee al viento proclamando, lo mismo hoy, que antaño, que nuestro pueblo y nuestro valle, fieles al reino que aquí nació, deben de seguir siendo respetados en sus derechos.
        Tal vez tengamos que admitir que se ha perdido nuestra lengua roncalesa, tal vez llegue el día en el que perdamos definitivamente nuestros trajes, o que nuestros fueros queden diluidos; tal vez las almadías dejen un día de bajar por el río, o la cañada quede desierta; pero es nuestro deseo, y el de nuestros antepasados, que la memoria no se pierda nunca, que las generaciones que nos sucedan nunca pierdan el orgullo de sus raíces y la referencia ejemplar de sus antepasados, que a nuestros muertos nunca les falte un responso, y que siempre, siempre, siempre, sigamos siendo una valle de hombres y mujeres libres.
        ¡Álcese la bandera!



A continuación, Julio Tapia avanza hacia el alférez abanderado y toma de sus manos la enseña de Isaba; con ella en la mano pide permiso a la autoridad para hacer el saludo de la bandera, para colocarse a continuación en el centro de la plaza. Comenzará la música, y el nuevo abanderado procederá a hacer el saludo-baile de la bandera con el que finalizará el acto.